La senda de mi manada

Hace años que uso la misma fórmula para organizar mi cabeza y mis sentimientos, y curiosamente hasta cuando me falla le encuentro una explicación y la mejoro, y mejoro con ella.

Me veo a mi mismo paseando en la profundidad del bosque siguiendo una senda apenas apreciable y precedido por una inmensa manada de lobos. Hay tantos que los últimos apenas los distingo entre la espesura e incluso creo no haberlos conocido nunca. Cada lobo es distinto. Y cada lobo es una parte de mí.

No hay especies suficientes en el mundo que igualen o se asemejen a casi ninguno de ellos. Algunos procuro que sean grandes y esbeltos, con un pelaje brillante, blanco y tupido, Valentía, Humildad, Valor, Amor… son mis favoritos, y mi mayor felicidad es cuando me miran orgullosos y con el estómago lleno de debilidades cazadas. Egoísmo, Orgullo, Terquedad entre otros son bichos traviesos que crecen y se descontrolan sorprendentemente rápido, terriblemente instintivos pero que me han salvado de más de una. Hay quien los considera perjudiciales pero francamente aderezan la vida y alimentándolos con cuidado y medida le dan una bonita personalidad a la manada. Vanidad y Narcisismo sospecho que son hermanos de la misma camada y se creen a veces estúpidamente mejores que Autoestima, una lobezna tierna y fuerte que esboza mi sonrisa cada mañana cuando la veo, pero sé de sobras que son idiotas y cuando ambos aúllan me los tomo a broma y se amedrantan. Desgraciadamente Autoestima es de las que más se escabulle entre la manada, a menudo la pierdo de vista y la encuentro mordida por Inseguridad y Miedo, aunque Conformismo también creo que tiene su parte de culpa.

Créanme, al final son tantos que es difícil con el paso del tiempo saber a quién estás alimentando más o mejor. A veces entre la espesura aparece un esquivo lobazo que no debería ser mucho más grande que una cobaya y sin embargo se presenta atacando a la manada. Tener unos principios es tan indispensable… quizás por ello hay lobos como Generosidad, Paz, Honor y Felicidad que se unen a Valentía y compañía volviéndose más grandes que leones, siendo capaces de alimentar a unos, morder a otros y al final guiarlos a todos. No sé si me explico.

La cuestión es que si de algo me sirve esa expresión de “no hay que ir a lo loco por la vida, has de saber detenerte y mirar atrás” es para mis lobos, mi manda, mí. Porque a veces hasta el más inesperado e inoportuno de ellos puede tomar protagonismo y acercarse con sigilo para morderle a uno el culo. Me ha pasado semanas atrás, llevaba meses sin cuestionarme apenas a mí mismo cuando sentí unas profundas y dolorosas dentelladas. Pensé que era Furia, una terrible loba negra de ojos rojos que procuro tener en permanente dieta para que no crezca más que una alimaña, pero no. Era Tristeza la criatura que se abalanzaba sobre mí engulléndome en un profundo abismo del que no podía salir. Todos sus hermanos habían desaparecido de alrededor, diminutos en la distancia, y solo su sombra teñía el camino de una desoladora oscuridad. Qué triste es descuidarse a sí mismo y privar a tus mejores y más hermosos lobos de su merecida comida, que triste…

Hasta ese momento Tristeza solo había coqueteado con Nostalgia para despertar en mí recuerdos y sentimientos, la veía como una amiga romántica y fugaz, inofensiva. Sinceramente… tan inofensiva como puedo ver a cualquiera de mis lobos que a día de hoy retoman su lugar en la manada, recuperando su color y su fortaleza. Pero este echo del cual tengo claro que por poco no me salvo me ha servido para entender algo, y es que su tamaño, su belleza, su protagonismo y la fuerza con la que arremeten contra las situaciones y las personas que pasan por mi vida de nada sirven si no soy consciente que, para bien y para mal, cualquier día uno de ellos puede abalanzarse sobre mí.

Tener a Amor distraída tropezando dos veces por dos personas que no merecieron sus caricias sin tenerme en cuenta a mí mismo, perder el rumbo de la senda que sigo en ese lejano bosque, llorar más que nunca en mi vida, ver a Voluntad tan lejana e Inseguridad tan dispuesta… solo llevaron a Tristeza a ser la alfa de mi deriva.

En fin. Estoy feliz porque puedo escribir esto, ahora mis lobos corretean y me siguen felices, unos creciendo y acercándose satisfactoriamente, y otros, más delicados y fieros, siempre a la vista y con los bocaditos contados. Sigo mi senda sin saber hacia dónde me llevará, pero cuando miro hacia atrás veo infinidad de ojos oscuros y penetrantes mirándome orgullosos. Mi manada es genial.

9 comentarios en “La senda de mi manada

  1. Me gusta.
    Tanto, que con tu permiso y en cuanto llegue a casa pienso rebloguearlo.
    ¿Te he dicho que me ha gustado?

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    1. Jajaja claro!!! Gracias Jordi y feliz 2020!! 😀

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  2. Hola! No nos conocemos, yo soy filosofiaentaza, mi blog es de filosofía y libros.
    Gracias a Jordi he descubierto el tuyo jeje me ha parecido precioso, que lo sepas. Muy bueno
    Felicidades 😉

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    1. Gracias de nuevo Jessica!! Dicen que lo importante del viaje entre otras cosas es con quién lo hagas, escribir acompañado de gente como Jordi o tus comentarios es igual.

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      1. por sus aportes literarios… por supuesto! un buen día para todos los lectores!

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